Una noche en la siega del trigo

‘Unha noite na eira do trigo / Ao refreixo dun branco luar / Unha nena choraba coitada / os desdens dun ingrato galán. / Afrixida e queixosa decía / xa no mundo non tenho a ninguén / vou morrer se non ven os meus ollos / os ollinhos do meu doce ben”, (`Cántiga’, Manuel Curros Enríquez). Publicado en The Miami Herald.

(”Una noche en la siega del trigo, / al reflejo de un claro de luna, / una nena lloraba angustiada, / el desdén de un ingrato galán. / Afligida y quejosa decía, / ya en el mundo no tengo a nadie, / moriré si no ven estos ojos, / los ojitos de mi dulce bien”.) Esta es la primera estrofa del poema de Curros Enríquez que me cantaban mis padres, ya musicalizado, sin saber yo por qué era tan importante. Era casi un himno semioficial de la emigración gallega, que llegó a Cuba en grandes grupos desde fines del XIX hasta los años 30, contó Armando Rodríguez Ruidíaz en una conferencia magistral que dio sobre la gaita, su historia y su presencia en Cuba en el programa de Herencia Cultural Cubana, en el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano Americanos de la Universidad de Miami.

”Sabemos que las sociedades gallegas de Cuba jugaron un papel fundamental en el resurgimiento (llamado “Rexurdimento” por los gallegos) de la cultura gallega a finales del Siglo XIX”, dijo Rodríguez Ruidíaz. ‘Una de las primeras fue la Real Academia Galega, fundada en La Habana el 30 de septiembre de 1906 por Manuel Curros Enríquez y Xosé Fontenla Leal, entre otros. Curros Enríquez, uno de los tres principales iniciadores (junto con Rosalía de Castro y Eduardo Pondal) del renacimiento de la lengua y la identidad cultural gallegas, vivió durante los últimos años de su vida en La Habana, donde trabajó como periodista para el `Diario de la Marina’ hasta su muerte en 1908”.

En el aspecto musical, la gaita que tradicionalmente consta de varios tubos sonoros de madera, unidos a una bolsa de piel de animal, fue el símbolo de la cultura gallega en Cuba, al extremo de que una publicación de fines del XIX se llamaba así: ”La Gaita Gallega”. Pero después de 1959, todas las asociaciones gallegas fueron expropiadas y las actividades se redujeron al mínimo. Los objetos confiscados, entre ellos las gaitas, desaparecen. No se sabe mucho de este instrumento por un tiempo; pero, por sorpresa, el disertante informa que recientemente ha habido una gran aceptación de la gaita entre los cubanos.

Cita a Xenia Reloba, en su artículo ¡Olé en salsa cubana!. Ella dice que por dos décadas, lo que se exaltó como danza folclórica fue la tradición afrocubana y cesaron los bailes españoles. “A partir de finales de los años 80 vinieron mejores tiempos. El gobierno español estrechó la comunicación con las sociedades de la Isla, que ahora suman 17. La huella de España [festival], cuya primera edición se celebró en 1989, fue un punto de partida”.

El día 17 de mayo de 2003 se celebraron Las Letras Gallegas en el Centro Gallego de La Habana, cita Rodríguez Ruidíaz, de un artículo en la revista digital Cubanet. Ese es también el día que lo celebra la Xunta de Galicia en España. Actuó ese día en la velada el ”Grupo Montepedrini”, de cubanitos adolescentes que tocaron gaitas, panderetas, tambores y otros instrumentos gallegos. Al año siguiente, en julio de 2004, tocaron los gaiteros en la Iglesia de Reina, o del Sagrado Corazón, para celebrar el Día de Santiago, el 25 de ese mes. Comenzó la celebración con cinco jóvenes gaiteros, entre ellos una muchacha, que reemplazaron al solitario y anciano señor de años anteriores.

Pero hasta en la Plaza de Armas hay gaiteros. Uno es el hijo de un jamaiquino, el holguinero Wilber Calver, quien toca la Mazurca de Bretoña en la gaita mientras se oye tras él la percusión. Lo mismo se baila una muñeira que una danza en honor a Ochún, le dijo a su interlocutora, Nora Sosa, en la Bohemia Digital. Y siguió tocando Son Mariñán, para que se vea que con gaita se puede bailar el son. Calver es parte del grupo que fundó en 1999, Afro Cuban Celtas, muñeira con batá. Quizás los gallegos se revuelvan en sus tumbas del Cementerio de Colón, pero yo me siento reconfortada con ese instrumento, que Rodríguez Ruidíaz aprendió hace unos años para hacerle honor a la cultura de sus ancestros. Más el domingo próximo sobre este músico, compositor reconocido, guitarrista, banquero y ahora también gaitero.

Sobre o Autor